martes, 13 de enero de 2015

Capítulo 26: All I'll ever be

¡Hola, tributos! Ya se hacía esperar, ¿verdad? Pero tras más de mes y medio desde el último capítulo, ¡aquí os traigo el que nos toca! Sé que es martes, que se sale de mi horario habitual de fin de semana, pero no quería haceros esperar nada más :D. En el último las cosas se quedaron bastante emocionantes (creo... ¿verdad?), pero espero que este no acabe a la zaga :).
Pues nada, chicos, ¡que espero que os guste, y muchas gracias por todos vuestros increíbles comentarios!
PD: Ya ha empezado la iniciativa de Los juegos del hambre de la que os hablé, pero creo que aún es posible apuntarse como gente del Capitolio (espectadores, que votan en las diferentes pruebas), por si os apetece ;).





[...] You're drowning
Now I heard you moved on
From whispers on the street
A new notch in your belt
Is all I'll ever be
                         I knew you were trouble,Taylor Swift


CLOVE
No hemos vuelto a hablar.
Volví a casa con mi vendaje a base de trozos de camisa empapado en sangre, la mitad de la ropa destrozada, y un esfuerzo en la media hora que costó andar lo que normalmente me llevaba diez minutos, que acabó por dejarme desplomada en la puerta de casa, con los gritos de Patricia haciendo que me pitaran los oídos. Desperté al día siguiente en una camilla del hospital, hasta arriba de analgésicos que consiguieron disipar durante unas horas lo peor de lo que había pasado hasta que, entrada la tarde, el grupo profesional vino a visitarme sin Cato. Con los sentidos nublados por las drogas inyectadas, oí a medias cómo Hayden despotricaba contra él por lo inmaduro que estaba siendo, aunque en cuanto se dio cuenta de que entendía más o menos lo que quería decir, me dirigió una odiosa sonrisa condescendiente y se calló. La verdad es que, de cualquier forma, que siguiera hablando no me habría ayudado con el puñetero rompecabezas que la parte despierta de mi mente intenta aún resolver: ¿por qué?
El corte finalmente, resultó por otro lado ser menos grave de lo que aparentaba, y el doctor aseguró a mis padres que “la mayor parte del problema ha sido lo traumático de la experiencia al verse atacada”. Ja. Coincido con él en que más que el dolor físico, lo que me hizo perder el sentido fue lo irrealista de toda la situación, como si fuera una maldita pesadilla; pero a pocos profesionales debe conocer si cree que un ataque por la espalda es digno de semejante parafernalia. De hecho, lo único que logró ese diagnóstico fue que me llevase una bronca al volver a casa por mostrar tal debilidad a tres meses de mi primera cosecha real; la que se celebra hoy.
Paso el cepillo con cuidado por la larga y totalmente lisa melena negra. Cato abandonó el grupo especial a la semana siguiente, y desde entonces a este momento, su última oportunidad, ha seguido con el de la gente de dieciocho. Sé por mano de Hayden (ya que, como prometió, a mí no me habla) que el progreso que había realizado en estos últimos años a la hora de calmar su ira y su pronto ha desaparecido, que ahora se ha convertido en un “bravucón sin cerebro” y que los Juegos han pasado a ocupar el cien por cien de su existencia. Yo por otro lado, he hecho como si todo esto no me importara un ápice, y he seguido con mi vida, pero sin él: entrenando, hablando con la gente del grupo y volviendo a entrenar en mi casa con el set de cuchillos que me regalaron por el cumpleaños que desearía no haber celebrado jamás.
Me paso los de dedos por la cabeza; mi hermana me obligará a parar en su casa antes de la Cosecha para que me termine de arreglar, así que dejo finalmente el cepillo sobre el lavabo y me calzo los zapatos antes de salir del baño. Cómo no, mis padres esperan fuera, ambos totalmente arreglados y con unas muecas que pretenden ser sonrisas estampadas en la cara.
-¿Estás lista? –pregunta Patricia, nerviosa.
-Como nunca –el tono altivo me sale sin pretenderlo siquiera.
Raw me coge del brazo, como si fuese directa al altar, y yo evito por los pelos hacer un amago de apartarme.
-Voy contigo, tengo que estar allí pronto para organizar el cuerpo de guardia de Agentes de la Paz antes de que empiece el espectáculo.
-Pienso ir a ver a Bethany –respondo por impulso, sin tan siquiera una razón.
La mirada asesina es prácticamente instantánea. Mi padre toma aire, antes de volver a esbozar una mueca de supuesta complacencia.
-Y supongo que yo no estoy invitado, ¿verdad?
“No habría sido capaz de decirlo mejor.”
-Vamos a estar todo el tiempo encerradas en el cuarto de baño con un estuche de cien cintas de colores; tampoco creo que apreciases mucho el tierno momento familiar.
Copio su expresión facial, esa de “haremos como que todo va bien para evitar matarnos a dentelladas aquí mismo”, antes de caminar hacia la puerta sola.
-En tal caso, Clove –me giro al ver que sigue hablando –Te buscaré en la Plaza antes de que empiece la Cosecha; no quiero perderme lo guapa que te deja tu hermana.
“Me voy a asegurar de que no haga que te eches atrás en el último momento”, pretende decir. Yo asiento con la cabeza y tiro del pomo para abrir la puerta y salir a la cálida mañana de junio. Inspiro los primeros ramalazos del verano y espiro con calma, observando el suelo que se extiende a mis pies. Entre la hierba verde que rodea nuestra casa, exuberante en los últimos días antes de que el sol la seque, destaca un círculo ennegrecido que cae justo bajo mi ventana. No ha vuelto a crecer nada allí desde el día en el que quedó claro que, esta vez, lo de que Cato me ignorara no iba a ser como la anterior: evitarme la mirada y reducir al máximo las frases que intercambiábamos hasta que yo saltara por lo insostenible de la situación. Esa tarde, en un arranque de furia, arrojé el cuchillo que él me había regalado al fuego de la chimenea y, aún ardiente, lo cogí con las tenazas y lo lancé por mi ventana en una patética imitación de lo que había hecho con mis juguetes cuando tenía ocho años. La tierra llameó durante unos segundos antes de que el frío aire primaveral la convirtiese en un montón negro e informe rodeando a otro montón quemado e informe de brillo metálico y, curiosamente, se ha quedado así mientras el resto del mundo ve resurgir brotes verdes: yerma y sin posibilidad de dar lugar a nueva vida, como si el destino quisiese mostrarme lo que es ahora mi relación con Cato.
Aprieto el paso que he desacelerado sin querer al sentir la mirada de Raw clavada en mi espalda y, cuando me quiero dar cuenta, estoy en el baño de Bethany, oyendo sin escuchar su verborrea incesante mientras se dedica a retorcerme mechones de pelo oscuro.
Veo frente al espejo el brillo que provoca su anillo de compromiso, el nuevo símbolo mágico de su felicidad. Mi hermana siempre ha sido una sentimental, y ya desde pequeña le encantaba cogerle pulseras y demás joyas a mi madre para ponérselas ella misma; sin embargo, sigue sorprendiéndome que, desde que Thorne se lo diera hace diez meses, no se lo haya quitado en ningún momento, ni siquiera en tareas como esta en la que sería fácil que se le enganchase. Esos pensamientos me sugieren una duda, y sin saber ni importarme de qué está hablando, le corto rápidamente.
-Oye Beth, ¿tenéis ya fecha para la boda?
Mi hermana, por primera vez en media hora, se queda momentáneamente sin habla, supongo que porque no esperaba que participase en su ilusionado monólogo mañanero.
-Eh, bueno, hemos estado esperando mucho tiempo para ver si el padre de Thorne (está destinado a otro Distrito, ya sabes) podía venir, y parece que en cuanto se acabe toda esta… -evita la palabra “locura” tragando saliva –todo este despliegue por los Juegos, la cosa estará lo suficientemente tranquila, así que supongo que para julio o agosto, como muy tarde. Te enseñé los bocetos del vestido, ¿no?
-Ajam. Muy bonito, estoy deseando poder vértelo puesto.
El silencio retumba en el cuarto de baño durante unos segundos. La pausa hasta que me responde dispara mis alarmas.
-Sí, seguro que queda precioso… -toda su energía parece haber desaparecido de repente. Asegurándome de que la integridad del complejo peinado no se vea dañada con ello, giro la cabeza para mirarla a la cara.
-Bethany, ¿estás bien?
Ella asiente, pero veo cómo la mandíbula le tiembla ligeramente antes de esbozar una de sus deslumbrantes sonrisas.
-Sí, claro. Vamos a terminar esto ya, no sea que llegues tarde.
En la siguiente media hora, no vuelve a abrir la boca, y yo no puedo evitar preguntarme qué es exactamente lo que he hecho mal. A ver, ella es la primera que debería estar ilusionadísima con su boda, ¿no? ¿A qué viene entonces esta reacción? No creo que sea porque tenga problemas con Thorne, la última vez que me pasé por aquí él estaba y parecían tan repulsivamente enamorados como siempre. ¿O a lo mejor es que ha sido algo muy reciente…
-Lista –dice finalmente, y me alza la barbilla para que vea el resultado final. ¿De verdad estoy tan ausente como para que me haya echado maquillaje y yo no lo haya notado?
Vale, sí, he de admitir que es muy sutil y queda realmente bien: un poco de color por ahí, un tono más oscuro por allá, y si no fuese porque es la misma cara que me devuelve todos los días el espejo cuando lo miro, sólo vería a una chica muy guapa que lleva un vestido precioso (mi vestido de cumpleaños), natural de los pies a la cabeza. El peinado esta vez es tan sencillo que resulta increíble lo diferente que parece: toda la melena lisa y suelta peinada a un lado, con brillos dorados que no sé de dónde surgen pero que la hacen resplandecer en cuanto me muevo. Me levanto con cuidado y le doy un abrazo; ella me lo devuelve con muchísima fuerza, como si esta fuese la última ocasión que tuviera de hacerlo.
-Clove…
-¿Qué?
Beth se muerde el labio un momento, y me parece advertir que se forman lágrimas en las comisuras de sus ojos. Debe de ser un espejismo otra vez porque, ¿por qué iba ella a llorar?
-Nada, estás muy guapa. Felices Juegos del Hambre.
-Y que la suerte esté siempre, siempre de nuestra parte. –respondo por inercia.
Dos horas más tarde, me río a carcajadas en la Plaza junto a Hayden, Marietta y Coy. Raw vino hace un rato a comprobar que no me había retractado en mi decisión, pero las palabras tensas que mantuvimos se me olvidan mientras mi amiga pelirroja realiza la peor imitación que he visto en mi vida del Alcalde soltando el habitual discurso de presentación acerca del origen de los Juegos.
-¡ERAN DÍAS… Lunnette, querida, ¿te importaría apartarte? Si te pones tan cerca de mí con esos tacones, medio Panem me va a tomar por tu mascota. ¿Qué estaba diciendo? ¡Ah, sí! ¡DÍAS OSCUROS, LLENOS DE MUERTE Y ENFERMEDAD… LA GUERRA, TERRIBLE GUERRA…!
La aparición en ese momento de la acompañante de nuestro Distrito por el escenario, intentando mantener el equilibrio sobre sus zapatos de plataforma, no hace más que pronunciar las risas. Y sin embargo, a pesar de lo bien que me lo estoy pasando en este momento, no puedo dejar de girarme cada pocos segundos para buscar una cabeza rubia entre la multitud. SU cabeza.
Por fin, cuando ya nos estamos despidiendo y repartiendo mensajes de apoyo para la Cosecha, le localizo a dos filas del escenario, en la columna masculina que empieza a formarse a la derecha. Avanzo hasta mi posición junto a Marietta sin dejar de mirarle, y casi no soy consciente de que un agente de la paz me pasa el dedo por el escáner portátil.
-Knivey, ¿todo bien? –pregunta esta, preocupada.
-Sí, claro. Buena suerte.
Los ojos incrustados de zafiros de Lunnette nos observan desde las decenas de pantallas que hay establecidas por toda la Plaza.
-¡Bienvenidos, compañeros, bienvenidos! Un año más, nos reunimos aquí para ver comenzar los Septuagésimo Cuartos Juegos del Hambre. ¿Quién será la elegida? ¿Contaremos…
-con un apuesto joven que nos represente? –repiten varias voces por lo bajo -¿Obtendrá el Distrito 2 su… Oye, ¿por cuántos ganadores vamos?
-Ni idea.
-…su deseado décimo tercer ganador?  -responde involuntariamente Lunnette. Oigo un coro de risas cercano a mí, pero yo no participo de él; las palabras acerca de los Días Oscuros y la posición del Distrito 2 en la guerra resbalan sobre mí mientras yo observo, atraída como un imán de forma irremediable, la cara de Cato desde la distancia.
“¿Tan mal lo hice?” es otra de las múltiples preguntas que se hace a escondidas mi cabeza, cuando todo el orgullo me abandona. “¿En qué me equivoqué?” “¿De verdad podría haberlo evitado?”…
No es hasta que tres palabras, “las damas primero”, rompen el hechizo, que puedo centrarme en lo que debo hacer. Cojo aire mientras nuestra ayudante levanta al público una papeleta...
-¡Macy Nay Campbell! – grita alegre con un tono ridículamente agudo.
Una chica de unos catorce, más bajita que yo y con el pelo recogido en sendas trenzas, sube a la plataforma. A través de las pantallas, veo el miedo en sus ojos: no hay que ser muy listo para deducir que no es profesional, así que ha llegado el momento. Me preparo para presentarme como un bólido, abro y cierro los puños un segundo, y casi me parece que pronuncie esa palabra, la palabra que dejará bajar de la plataforma a la niña de las trenzas, a cámara lenta:
-¿Voluntarias?
Levanto la mano tan rápido como puedo, y adelanto a otras cinco chicas cerca de mí, Marietta entre ellas. Lunnette comienza con su cantinela infernal y yo cierro los ojos repitiéndome una y otra vez las mismas palabras: “aún me quedan dos años, no importa si no salgo, aún me quedan dos años, dos años…”
Las pantallas se enteran de que he salido elegida antes que yo misma. Cuando abro los ojos, me encuentro un círculo de miradas envidiosas, y mi imagen, con cara de estúpida, plasmada en medio Distrito. Recupero la compostura tan rápido como puedo y, con una gran sonrisa altanera que no pueden acallar las quejas de las chicas que ya no tienen más oportunidades, aquella que se han presentado por vez última y definitiva, avanzo hasta llegar a la plataforma, mientras Macy Nay corre como si Lunette pudiese arrepentirse y volverla a elegir.
-¿Cómo te llamas, cariño? – pregunta la acompañante… mi acompañante sin perder la sonrisa.
¿De verdad tiene que llamarme cariño?
-Clove R… - comienzo; pero ese no es el nombre con el que entro al sorteo, así que reculo. - Clover Ringer
-¡Pues muy buena suerte Clover! – anuncia a la multitud, y yo agradezco que no haga ninguna broma con mi atragantamiento a la hora de decir mi propio nombre.
Me doy la vuelta para encontrarme con la mirada de mi padre, orgulloso por primera vez en años de su hija, de su trofeo, clavada en mí. Prefiero no pensar en Patricia, ni en Beth, que deben de haber recibido la noticia como una puñalada retransmitida hace unos instantes, así que giro para enfrentarme a la multitud mientras Lunnette anda tan rápido como puede hasta la urna de los chicos. Estiro aún más la espalda, compruebo con una mirada que el vestido está en su sitio… Y de repente, en cinco sílabas, mi imagen deja de ser importante.
-¡Cato Underneath!
Cato… ¿Qué?
Doy gracias de que todas las cámaras apunten ahora mismo al chico que llevo horas mirando, porque mi cara en este momento debe de ser para recordarla. Espero un momento a que alguien reconozca que ha sido un error, un fallo, o incluso una broma de mis amigos; si alguien hace que Cato deje de avanzar hacia la plataforma en este mismo momento, estoy dispuesta a admitir que me han dejado en el más absoluto ridículo delante de todos. ¿No? ¿Nadie?
Obviamente, no. Con el mismo porte altivo que yo hace unos instantes, sube los escalones hasta situarse a mi altura, sin mirarme siquiera. Noto cómo las náuseas crecen en mi interior, mientras Lunnette sigue con su protocolario discurso:
-¿Voluntarios?
¿Voluntarios? ¡Dios, es verdad,  los voluntarios! ¡Joder, bendígase a los voluntarios! Recupero la sonrisa en un instante, y examino con ojo crítico a mis posibles rivales, los rivales de verdad, que alzan sus manos desafiantes creyéndose que podrán acabar conmigo…
-No, quiero ir yo. –interrumpe Cato, más imponente que nunca.
Si ahora mismo tuviese un cuchillo en mi mano, comenzaría la carnicería antes de siquiera de entrar a la Arena. Aprieto los puños y no soy consciente de que la fuerza con que me estoy mordiendo el labio hasta que noto el sabor metálico de la sangre en mi boca. Le dirijo una mirada rabiosa, incrédula, desesperada, cargada de emociones contenidas a punto de desbordarse, reflejando todas las dudas, todos los sentimientos y cada uno de mis pensamientos durante los últimos tres meses… Y él se gira para enfrentarme con un pozo azul en el que sólo veo orgullo.
Entonces comprendo. Claro, su último año, su última posibilidad de conseguir lo que lleva toda una vida preparando, y se lo han servido en bandeja. Esto va mucho más allá de mí, de él, de nuestra relación llena de altibajos y de lo estúpidamente insegura que me he sentido al verle subir a la tarima.
“Cueste lo que cueste, Clove” –lo dejó claro una y mil veces, hasta la saciedad, y antepuso la maldita posibilidad de ser un tributo a cualquier otra cosa dentro de su vida. ¿Qué derecho tengo yo a considerarme siquiera un mínimo precio a ese deseo? Ninguno.
-Bien, pues en tal caso, ¡felices Septuagésimo cuartos Juegos del Hambre! ¡Damas y caballeros, les presento a los tributos del Distrito 2!
El duelo de miradas entre nosotros continúa a medida que todo lo que sentía va dejando paso a una profunda resignación frente a aquello de lo que soy consciente ahora. Tras unos segundos con nuestros cuerpos paralizados, Lunnette nos recuerda que debemos darnos la mano.
-Felices Juegos, Clove – dice mi compañero ofreciéndome la suya, con la frialdad con que se saludan dos desconocidos.
Y aunque por dentro esa frialdad que hasta ahora sólo yo había poseído me mata, aunque los despojos que quedaron de mí después de primavera se rompen en mil pedazos que dejan mi alma totalmente inservible a cada instante que pasa, sonrío con superioridad y me enderezo para hacer menos notable la diferencia de altura entre nosotros.
-Felices Juegos del Hambre, Cato – contesto recogiendo la mano que me tiende.


FIN DEL CAPÍTULO 26

¡Tiaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan! ¿Qué os ha parecido? Al, fin, AL FIN, nos metemos ya en tiempo de los Juegos, después de dos años y medio llegando a ello :D. ¿Creéis que es una buena entrada? ¿Os rompe el corazón como a mí verles tan distanciados? ¿Pensáis que me estoy pasando de cursi con Clove? ¿Estáis deseando conocer ya a los mentores? ¡Un besazo, y espero vuestros comentarios!

10 comentarios:

  1. Noooooo ( snif snif ) por queeeeee ya se como acaba pero... Tu tan bien como siempre escribiendo

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    1. Yaaaa, poco a poco se acerca el momento... Pero bueno, mientras tanto aún quedan por pasar muchas cosillas :D.
      ¡Un beso,, y muchas gracias!

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  2. Ainsssss. Tu quieres matarnos del disgusto verdad? Yo quiero besito, besoootooooo. Pero bueno, aparte de mis preferencias, es un muy buen capitulo. Besos guapa

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    1. ¡Muchas gracias! ^^
      Y es que los pobres ahora están en una etapa de su relación un poco oscura... Veremos qué tal salen B/
      ¡Un beso!

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  3. Bueno, ahora este blog se va a convertir un un libro muy romantico y toco acabara perfectamente vale ? Porfiiii :'(
    No, ha sido muy bien un beso enorme

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    1. ESO NUNCAAAAAAAAAAAAAAAAA
      Jajajaja paciencia, paciencia, queda mucho por suceder y muchas historietillas por contar...
      ¡Un beso!

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  4. Oye podrías hacer final original y final alternativo y así todos contentos

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    1. Créeme, lo he pensado; pero el problema edl final alternativo es que me abre a una historia completamente nueva que no sé si seré capaz de escribir, sobretodo porque estoy intentando cerrar con el fanfic (sin apresurarse, sin prisas y bien hecho, pero a un ritmo más rápido del que he llevado estos dos años) para poder dedicarme a cosas originales que puedan tener una salida :). Así que a lo mejor, llegado el momento, hago un epílogo alternativo, pero eso ya lo veré.
      ¡Un beso!

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  5. sos una muy buena escritora,me encantaria que hicieras un final alternativo!!!!!
    amo a cato y clove!!!!!!!!!!!!!

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